Del placer de la mesa. Efectos

El placer de la mesa no produce arrebatos, éxtasis ni arrobamientos; pero gana en duración lo que pierde en intensidad, y se distingue sobre todo por el privilegio particular de que goza, disponiéndonos para todos los demás deleites o al menos consolándonos por haberlos perdido.

Respecto a la parte física, el cerebro se refresca, la fisonomía se dilata, los ojos brillan, se aumentan los colores y un suave calor se siente por todos los miembros.

En cuanto a la parte moral, se sutiliza el espíritu, se acalora la imaginación, los chistes brotan y circulan; y si La Fare y Saint – Aulaire (consejeros de María Antonieta)  pasaron a la posteridad como autores de talento, lo deben sobre todo a que fueron convidados amables.

Además, alrededor de una misma mesa se encuentran juntas a menudo todas las modificaciones que entre nosotros ha introducido la extremada sociabilidad: amor, amistad, negocios, especulaciones, poder, empeños, protecciones, ambiciones e intrigas; véase por qué todos los convites de todo tienen; véase por qué producen frutos con toda clase de sabores.


Fuente: 
Por Jean Antheline Brillat - Savarin en Revista Algarabía No. 125 Febrero 2015, p. 41 – 42.

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