Recordará, querido lector, aquella amenaza que se cernía implacable sobre cualquier mujer que se acercara peligrosamente a los 30 años sin haberse casado. Todos entendíamos que la frasecita era sinónimo de «solterona» o del aún más arcaico «cotorra» que todavía le alcancé a escuchar a algunas amigas de mi mamá pero, ¿Se ha preguntado alguna vez a qué se refiere exactamente «quedarse para vestir santos»?
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