Dos décadas albicelestes

En las décadas de los 40 y 50 Argentina ganó la mayor parte de los torneos, dejándole un resquicio a algunos de los restantes competidores. Eran tiempos donde el futbolista de las Pampas lucía una extraordinaria habilidad, con talentos que brillarían muy lejos, pero a la vez, como equipo no fue visto en Europa debido a que en 1940-50 no hubo mundiales. Además, los argentinos cometieron el error de aislarse, por lo que perdieron roce.

Para la Copa América de 1941 Chile retornó como anfitrión al conmemorarse el cuarto Centenario de la fundación de Santiago, su capital. Todos los encuentros se llevaron a cabo en el Estadio Nacional, lugar donde empezaron a lucir enormes figuras de relieve.

Los argentinos tuvieron a José Manuel Moreno (aún sin el mote de Chorra) y Adolfo Pedernera; los uruguayos a Obdulio Várela, y los locales al portero Sergio El Sapo Livingstone. Otro albiceleste que destacó fue Antonio Sastre, autor del gol en el triunfo sobre la Celeste. Su talento le permitió actuar en ocho puestos a lo largo de su carrera.

El título quedó para Argentina, vencedor en el duelo de cierre ante Chile por 1-0 gracias a Enrique García, una de las tantas figuras del campeón. Y también tuvo al máximo artillero, en este caso Juan Marvezzi, quien convirtió cinco goles en el 6-1 a Ecuador que le bastaron para quedar al tope de la tabla.

Siempre que lo organizó, también lo ganó. La referencia es para Uruguay, que en 1912 recibió a las delegaciones con las que iba a dirimir el título. Para esta oportunidad llegaron a ser siete competidores, algo que no se había alcanzado hasta entonces, donde se impondrían los charrúas, que siempre hicieron sentir su rol de anfitriones.

Hubo goleadas espectaculares como el 12-0 de Argentina a Ecuador, en lo que es hasta el momento el marcador más abultado en la historia de la Copa América. Para el vencido la tortura empezó desde temprano, porque el equipo salió en barco desde Guayaquil a Lima. Cambió de buque hasta Valparaíso. Siguió por tierra a Buenos Aires y cruzó el Río de la Plata en un barco de vapor hasta llegar a Montevideo.

En el duelo decisivo Uruguay batió 1-0 a Argentina con el tanto de Bibiano Zapirain, alcanzando una nueva coronación en el Estadio Centenario, que albergó los 21 encuentros disputados. Como máximos artilleros quedaron José Manuel Moreno y Herminio Masantonio, del subcampeón, con siete goles cada uno.

En 1945 la acción volvió a Santiago de Chile y la coronación fue nuevamente para Argentina, en uno de los torneos que mejor recuerdo dejara para este país por la calidad técnica mostrada por sus jugadores. Como novedad se produjo el debut de Colombia, en simultáneo con la ausencia de Paraguay.

Por el lado de Argentina sobresalieron notables jugadores como Mario Boyé, Norberto Méndez, Rene Pontoni, Rinaldo Martino y Félix Loustau. Mientras que Brasil presentó a Tesourinha, Zizinho, Heleno, Jair y Ademir. Dos delanteras formidables en las que se reunían sentido colectivo y eficacia.

Al medirse ambos triunfó Argentina 3-1 con los goles de Norberto Jucho Méndez, quien llegaría a ser el máximo anotador histórico de la Copa con 17 unidades, junto a Zizinho, Los pamperos se coronaron invictos no sin antes superar a Uruguay 1-0 gracias a Rinaldo Martino, quien convirtió "El gol de América", en una espectacular jugada.

En este campeonato actuó Enrique Raymondi como delantero de Ecuador, con una relevante labor, mientras que en 1963 lo haría su hijo, del mismo nombre y también en función de atacante. Los ecuatorianos sumaron por fin su primer punto, después de 17 caídas, al igualar con Bolivia.

Argentina llevó a cabo la fiesta de 1946 sin dejar pasar la ocasión para retener la corona. Se decía que en ese momento su fútbol era el mejor del planeta por la calidad de sus estrellas, pero al no haber un Mundial la afirmación no pudo ser demostrada. Nuevamente Brasil fue el principal opositor de los albicelestes, aunque tampoco esta vez pudo imponerse.

Cuando estuvieron frente a frente en el cotejo definitorio, a los 30 minutos se lesionó el defensa local José Salomón, quien debió salir por José Marante. Entonces se armó una trifulca entre los jugadores. Fueron expulsados Chico y Vicente de la Mata, uno por cada bando. Poco después Norberto Méndez haría los dos goles con los que Argentina se consagraría.

Pero hubo más, porque el encuentro se suspendió a los 70 minutos y se reinició media hora más tarde. El máximo realizador fue José María Medina, de Uruguay, con siete anotaciones.

En 1947 Ecuador tomó la posta para albergar la cita por primera vez, con el Estadio George Capwell, de Guayaquil, como sede de los 28 partidos a disputarse. El creciente número de juegos se debió a que intervinieron ocho conjuntos, algo nunca logrado hasta ese momento.

Argentina vivía una abundancia de cracks, con Mario Boyé, Norberto Méndez, Rene Pontoni, José Manuel Moreno y Félix Loustau en la delantera, dejando a Alfredo di Stéfano en la banca. Años más tarde, La Saeta Rubia, como se le conocía, sería el mejor jugador del mundo.

Esa línea de ataque fue armada luego de un plebiscito popular que ideó el dirigente Tomás Adolfo Ducó para evitar polémicas y dejar contenta a la mayoría. Debido a ello no entraron en el cuadro albiceleste Vicente De la Mata, Adolfo Pedernera y Rinaldo Martino. Con semejante potencial, el título siguió en manos de los rioplatenses.

La realización destacó por su alto grado de confraternidad, sobresaliendo el desempeño de Paraguay, que recibió un 6-0 de los argentinos, pero luego se recuperó y sólo obtuvo victorias. Una de ellas ante Uruguay, su cliente, por 4-2, después de ir 2-0 abajo. De ese modo llegaría a ser subcampeón.

Río de Janeiro, Sao Paulo, Santos y Belo Horizonte fueron las sedes de 1949 para que Brasil se hiciera cargo de organizar el torneo, a un año de recibir la Copa del Mundo. Y así como retomó la iniciativa de ser anfitrión, también salió con todo para ser campeón, aunque lo haría luego de un encuentro de desempate.

Hubo varias marcas que con el tiempo no se llegaron a superar. La realización del certamen demandó 39 días y el árbitro Cyril Barrick dirigió 11 partidos, cinco de ellos al equipo local. A su vez, los brasileños hicieron 19 goles en sus dos primeros juegos tras vencer a Ecuador 9-1 y luego a Bolivia 10-1. Un registro impresionante.

Otra curiosidad estadística que dejó el poderoso cuadro amazónico fue el 5-0 que le aplicó a Colombia. En ese lace desperdició das penales por medio de Canhotinho y Orlando, por lo que su victoria pudo haber sido más abultada. Y en el 5-1 al que sometió a Uruguay (su vencedor en el Mundial del año siguiente), el árbitro fue un brasileño: Alberto da Gama Malcher.

Paraguay estuvo cerca de alcanzar la proeza de coronarse, porque superó al elenco local 2-1 en Río de Janeiro, pero como los guaraníes habían caído con Uruguay, hubo igualdad de puntos y se recurrió a un desempate. En esa instancia Brasil no tuvo piedad y aplastó 7-0 a los albirrojos, con tres tantos de Ademir, dos de Tesourinha y dos más de Jair.

Fuente: 
Por Marcelo Assaf en Caras Sports, ‘Copa América Argentina 2011’, Ed. Televisa, p.16 – 17

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