La política monetaria y la política fiscal





La política monetaria afecta a la economía afectando primero al tipo de interés y, a continuación, a la demanda agregada. Un aumento de la oferta monetaria reduce el tipo de interés, incrementa el gasto de inversión y la demanda agregada y, por lo tanto, eleva la producción de equilibrio.


Existen dos casos extremos en el funcionamiento de la política monetaria. En el caso clásico, la demanda de saldos reales es independiente del tipo de interés. En ese caso, la política monetaria es sumamente eficaz. El otro extremo es la trampa de la liquidez, es decir, el caso en el que el público está dispuesto a mantener cualquier cantidad de saldos reales al tipo de interés vigente. En ese caso, las variaciones de la oferta de saldos reales no influyen en los tipos de interés y, por lo tanto, no afectan a la demanda agregada y a la producción.

Cuando se tiene en cuenta la influencia de la política fiscal en el tipo de interés, los resultados del multiplicador varían con respecto a los que no la contemplan. La expansión fiscal sigue provocando un aumento de la renta, salvo en circunstancias extremas. Sin embargo, la subida de los tipos de interés que se produce como consecuencia del aumento de la demanda de dinero provocado por el aumento de la renta amortigua la expansión.

La política fiscal es más eficaz cuanto menores sean las variaciones inducidas de los tipos de interés y menor sea la respuesta de la inversión a estas variaciones.

Los dos casos extremos, la trampa de la liquidez y el caso clásico, son útiles para mostrar de qué depende la magnitud de los multiplicadores de la política monetaria y de la política fiscal. En la trampa de la liquidez, la política monetaria no influye en la economía, mientras que la política fiscal produce su efecto multiplicador máximo en la producción y no influye en los tipos de interés. En el caso clásico, las variaciones de la cantidad de dinero alteran la renta, pero la política fiscal no influye en ésta; sólo influye en el tipo de interés. En este caso, el gasto público expulsa totalmente el gasto privado.

Una expansión fiscal desplaza o expulsa parte de la inversión privada debido a que provoca una subida de los tipos de interés. El grado de expulsión es una cuestión delicada cuando se valora la utilidad y la conveniencia de la política fiscal como instrumento de estabilización.

La cuestión de la combinación de medidas monetarias y fiscales surge porque una política monetaria expansiva reduce el tipo de interés, mientras que una política fiscal expansiva lo eleva. Por lo tanto, una política fiscal expansiva aumenta la producción y reduce el nivel de inversión; una política monetaria expansiva aumenta la producción y el nivel de inversión.

Los gobiernos tienen que elegir la combinación de medidas de acuerdo con sus objetivos para el crecimiento económico, o sea, para el aumento del consumo, o en función de sus ideas sobre las dimensiones deseables del Estado.


Fuente: Dornbusch, Fisher & Startz – Macroeconomía.

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